domingo, 20 de mayo de 2012

50 AÑOS DESPUÉS

Marcel tuvo una mezcla de sentimientos al leer la primera plana de El Heraldo, de México.  Horror, incredulidad y tristeza fueron los ingredientes que empañaron esa mañana de 1938. La Segunda Guerra Mundial había estallado desde hacía algún tiempo pero la invasión de Francia por parte de los alemanes motivó al joven de 16 a preguntarse ¿qué debo hacer por la patria de mis padres?

Con sólo 16 años deseó enlistarse al Ejército de Liberación, el cuál se estaba formando en América.  El joven franco-mexicano tuvo que esperar dos años para formar parte de la Legión Extranjera, que partía hacia Inglaterra para luego recuperar Francia entrando por Saint-Tropez.

Claro, tenía miedo. Pero su dominio del inglés y el francés no le provocaba temor para embarcarse en tan singular aventura.  Lo que no previó al llegar a la isla del Reino Unido con las tropas fue que desembarcaron en Escocia, un país en donde no precisamente se hablaba inglés… sino escocés.

¿Quién más para relatar lo que sucedió en los años siguientes? Durante cuatro años Marcel Ruff junto a sus compañeros en el Ejército de Liberación dispuso de mapa de tela, el libro de apuntes –en donde apuntaba todas las claves Morsé- y su promeso de devolverla a Francia su orgullo patrio.

Todo el tiempo Marcel y sus superiores tuvieron la constante disyuntiva: ¿cuál es nuestra prioridad? ¿Combustible, municiones o comida? “La comida” expresará nuestro lector que acomodado en su sillón justificará que nada es posible si las tropas no están alimentadas.  La prioridad, según Marcel no fue la comida sino el combustible, pues sin ese líquido motor no hubiera sido posible avanzar e incluso movilizarse para no ser blanco del enemigo. Recuerde que una tropa estancada es una tropa vulnerable. ¿Y la comida? Los franceses tenían la certeza que sus soldados y su pueblo sabrían compartir un pedazo de pan.

Estas anécdotas salieron a luz luego que sus objetos personales, documentos y periódicos de la época fueron expuestos en la Galería de Arte, de la Alianza Francesa.  Su certificado de asignación como teniente, firmado por el presidente Charles de Gaulle; las placas de identificación y diversas fotos captadas durante su alistamiento voluntario recordaba esa época pasada cuando las balas y los cascos nazis contaminaban París.

Esa París que en 1944 estuvo a punto de perder su Torre Eiffel, los Campos Elíseos y cuanto monumento fuera bombardeado a causa de la locura de un desahuciado Hitler, pero que sus subordinados con total inteligencia rechazaron tal orden y nunca la ejecutaron.

Esta semana me reuní con Marcel Ruff, un veterano de guerra, quien al término de la entrevista, luego de explicarme que donó todos estos documentos históricos al Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos – CEMCA- para compartirlas con las futuras generaciones, me confesó:
“Lo único que deseo es que no existan más guerras, así evitaríamos más muertes de jóvenes.  Jóvenes que podrían haber hecho más por su país trabajando que matando a sus vecinos.”






Tarea No.4 del Curso de Lenguaje.
Mayo 2010

martes, 29 de noviembre de 2011

Una historia de apagafuegos


 Ernesto tuvo su primer acercamiento con los bomberos al revisar las motobombas que llegaban a la fábrica de textiles de su jefe. Estaba contratado como ingeniero pero le gustaba la mecánica y junto a la vocación también fue el ejemplo. Poco tiempo después se graduaba de bombero municipal en la Quinta Estación, de la zona 4 de la ciudad capital.
En lugar de parrandear se pasaba viernes o sábados en la estación. Las noches aburridas eran cuando solamente había una “chamusca”, normalmente en La Terminal. Las noches cómicas eran cuando tenían que atender a alguna víctima de paro cardiaco en algún club nocturno de la zona 4. La mayoría de veces, por no decir siempre, era una víctima masculina.

A veces lo acompañaba a la estación su hermano pequeño. Ernesto de 26 años y su hermano de 18. Las noches eran diferentes para cada uno. Ernesto descansaba (a veces) en la parte de arriba de la estación, antes de subir corriendo a la ambulancia o a la motobomba. Mientras su hermano se quedaba en la cabina de radio, acompañando al operador de turno. Esas voces nocturnas escuchadas a través de la radio le daba una atmosfera interesante a cada ocasión. Su hermano esperaba oír alguna historia de miedo o de algún visitante del más allá.
Ernesto se casó y siendo bombero adhonorem visitaba cada mes la estación para cumplir con su deber. Nació su primer hijo (Diego) y de tal palo, tal astilla. Ambos tenían en la sangre esos glóbulos de ayuda. El Cuerpo de Bomberos Voluntarios construyó la 100 estación en Ciudad San Cristóbal y Diego ingresó en la Brigada Infantil, en donde no aprendió sino que practicó lo que Ernesto le enseñó.
Diego cumplió el curso… y siguió llegando a la Estación para cumplir su deber de ir cada mes a ayudar. Con sus 8 años no iría a combatir un incendio pero si a ayudar a limpiar, ordenar o aprender de sus superiores.
Varias veces ha compartido con sus compañeros de colegio consejos de prevención ante accidentes. Una vez su prima Daniela se quemó con un cohete en plena Navidad. Diego tenía preparado su botiquín con vendas, agua oxigenada y alcohol. Andrea, hermana de Daniela, con mucho cariño le dijo: Diego, gracias por curarla a mi hermanita.
Este fin de semana Ernesto vio a Diego graduarse de nuevo en la Brigada Infantil con un grado superior. Junto a otros niños y niñas recibieron el curso de primeros auxilios, aprendieron a combatir un incendio, a prevenir accidentes y como gran final: Recorrer el boulevard San Cristóbal en una motobomba con las luces y sirenas encendidas.
Diego es Bombero Voluntario, Ernesto sigue siendo Bombero Municipal y su hermano es quien ahora escribe estas líneas.


Fotografìas de la Graduación de las Brigadas Infantiles de la 100 Compañía de Bomberos Voluntarios.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Diplomática historia de amor

El fue miembro de la Resistencia Polaca en la Segunda Guerra Mundial. Ella, una sobreviviente de un campo de concentración. Ambos se conocieron en una universidad londinense. Luego de un noviazgo tan singular como todos los demás se decidieron casar.

Por motivos de trabajo él se traslado a Belice… pero no solo, sino con ella. En Belice procrearon a su primera hija. Luego se trasladaron a Guatemala en donde “se quedaron por la gente y cómo fuimos recibidos”, relata Adam con la alegría característica en sus ojos claros.

Ya en Guatemala se convirtieron en los más famosos - sino únicos- polacos. El fue nombrado Cónsul Honorario de la República Polaca, luego creó la Asociación Polaco Guatemalteca y recientemente obtuvo la Cruz de la Sublevación de Varsovia y la Orden del Mérito del lugar que lo vio nacer. Ella, siempre a su lado ha hecho más que El: ha unido Guatemala con Polonia a través de 3 generaciones.

Ambos recibieron un reconocimiento de la actual cónsul honorario de Polonia en Guatemala, Eva Lerner de Escamilla. Gracias a estas aventuras los fotografíe.

Nacieron en Polonia, se amaron en Londres y tuve el gusto de reconocerlos en Guatemala. Antes los conocí al abrir el libro de Ricardo Mata: El que vino en el nombre del Señor. Adam y Danuta Praun colaboraron con el reconocido fotógrafo para la visita de un famoso polaco: Karol Wotjyla, mejor conocido como Su Santidad Juan Pablo II.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La muerte nos sienta bien


 Me parece interesante como los mexicanos le rinde culto a la muerte. No lo hacen de forma satánica ni fanática sino de forma muy “a la mexicana”.



Recién el 2 de noviembre llegué a la Embajada de México en Guatemala a tomar fotografías de la Celebración del Día de Muertos. En ella había una exposición de pintura infantil denominada La Muerte Negra; una representación de un panteón –muy alegre, por cierto- y cuatro altares dedicados a Efraín Recinos, Cantínflas, Capulina y Francisco Gabilondo Soler.

Es fascinante observar los colores y más aún los detalles de cada altar. Me imagino a la familia del deudo haciendo un altar con sus pequeños detalles. Por lo que veo enaltecen lo que hizo…. Y no lo que quiso hacer.

Quiero que me entierren pero que sea contigo, diría una canción. A mí me gustaría que me enterraran sin nada:
Que mi cámara la sepa utilizar mi hijo o mi nieto,
Que mi ropa haya servido para darle calor a otra persona.
Que mis libros sirvan para impresionar a un lector voraz
Que mis cds los escuche un melómano.
Y que mis consejos hayan sido practicados y no sólo escuchados.

¿Cómo será mi altar? Con fotos de gente sonriendo… especialmente yo.

lunes, 24 de octubre de 2011

El Salón Guillermo Saenz de Tejada Herrera



En realidad es un pequeño salón muy pequeño en relación a los salones de los centros de convenciones de Guatemala pero su importancia es mucho mayor que estos: es el salón principal del Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala.  En dicho salón se entregan la Orden del Quetzal, la máxima distinción otorgada a un guatemalteco e institucionalizada por el presidente Jorge Ubico Castañeda en 1936.









Lo más interesante del mismo son las fotografías de quienes han ejercido su labor como ministros de Relaciones Exteriores. Cabe mencionar que cada uno de ellos ha tenido alguna injerencia en nuestra historia.




Solo quisiera agregar que Guillermo Sáenz de Tejada fue un embajador de carrera nacido el 18 de noviembre de 1921 y dedicó gran parte de su vida al servicio diplomático en diversas misiones y puestos relacionados con tratados internacionales y asuntos jurídicos. El 14 de septiembre de 2010 murió ejerciendo su labor como Director General de Asuntos Jurídicos, Tratados Internacionales y Traducciones.


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